Gaudí

Martinell convivió y se formó con tres corrientes distintas: monumentalistas, novecentistas y los últimos discípulos de Gaudí.

Esta diversidad de enseñanzas, por un lado, los maestros relacionados con el modernismo y por otro los que ya formaban en las filas del incipiente Novecentismo, sería decisiva para la formación de su personalidad e hicieron de él un personaje polifacético. Tenía que marcar, por decirlo de alguna manera, aquella actitud compartida de universalidad, de excentricidad en el sentido de escapar de la pobreza de la especialización en un solo tema.

Martinell representa un puente de transición intelectual entre la segunda generación de maestros del renacimiento catalán (Antonio Gaudí, Lluis i Doménech i Montaner, Puig i Cadafalch, etc.) y la generación de la posguerra.

Cuando ya estaba a punto de licenciarse (1916), Martinell entró a trabajar en el despacho de Joan Rubió y a la vez a formar parte del círculo de arquitectos que rodeaban Antoni Gaudí, que justo empezaba la Sagrada Familia. De la relación con el maestro nació una manera especial de entender y proyectar la arquitectura y una de las vías de investigación que más desarrolló: El Gaudinismo.

Se revela la influencia modernista de Gaudí sobretodo en su arquitectura agraria. Aunque se explica mejor las referencias monumentales, sean gaudinianas, florentinas o barrocas en algunos ejemplos de su obra de vivienda menor.

En la arquitectura más fina de Martinell se produce un sorprendente proceso de recuperación de elementos procedentes del Gaudinismo, pero tratados con una nueva sensibilidad.

El gusto peculiar en el color y en el diseño, la composición ordenada y clara, el tratamiento de la representación, enmarcada por un paisaje cultivado y sobrio son elementos que reasumen los materiales que la enseñanza magistral de los últimos años de estudiante con Gaudí le ofreció.

La afirmación de que Martinell es un arquitecto del Noucentisme, se dice porque nos encontramos ante una obra singular, en la que se entrecruza la persistencia de una tradición gaudiniana y modernista con unos presupuestos culturales, ideológicos y formales que son los que convenimos en llamar Noucentistes.

Para establecer esto puede ser útil apuntar ya aquí de la intención antimodernista de Gaudí y sus discípulos. Para Gaudí y su círculo la operación arquitectónica que se trata de llevar a cabo es la superación del “caos” modernista y su “descompuesta versatilidad” mediante una nueva síntesis de la monumentalidad arquitectónica. Racionalidad constructiva y sentido monumental deben dar lugar a un futuro para la arquitectura catalana superior de todos los males.

Martinell fundó en 1952 la entidad Amics de Gaudí, y en 1958, cuando tenía 70 años, el Centre d’Estudis Gaudinistes, que se dedicó a difundir a Gaudí y su obra a través de publicaciones, celebraciones de jornadas de estudios gaudinistas, exposiciones, conferencias, etc. Toda esta actividad culminó con la edición de su libro Gaudí, su vida, su teoría, su obra publicado por el Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares en 1967.

Debido a esta amistad y gran conocimiento de la forma de pensar de Gaudí, Cesar Martinell llevo a cabo la restauración de algunas de sus obras. Entre ellas: La casa Batlló, La casa Milà, la cripta de la colonia Güell o el Palau Güell.

Hoy en día, su nieto César Rámirez Martinell sigue colaborando de manera desinteresada con el equipo responsable de los trabajos de la Sagrada Familia, continuando así la tradición familiar.